2 de mayo de 2014

Vuelve Expoestudiante



El 4 y 5 de Mayo tendrá lugar en el Hotel Hilton la feria de educación más grande de América Latina, Expoestudiante.



[Nota radial presentada para a 3era jornada de Plaza Capital, Universidad del Rosario]

6 de marzo de 2014

Sondeo a estudiantes para elecciones al Senado y Cámara



Existe una desinformación y una indiferencia entre parte de la comunidad estudiantil, frente a los candidatos para elecciones, así como la misma fecha, lugar y forma de votar de este domingo 9 de marzo.
 

[Nota radial presentada para la asignatura de Producción Periodística III]

26 de febrero de 2014

Reencuentro de The Beatles



El pasado domingo 26 de enero, en el marco de la conmemoración del aniversario número 50 de los Beatles, Paul McCartney y Ringo Starr -únicos integrantes sobrevivientes de la banda-, se presentaron juntos durante la última entrega de los Grammy.



[Nota radial presentada para la asignatura de Producción Periodística III]

3 de diciembre de 2013

Observatorio del SITP - Bogotá



Hoy en día, la ciudad de Bogotá atraviesa por un periodo de transición en  materia de transporte público y movilidad. En un primer momento, se instauró el Sistema Transmilenio, el cual es referente en soluciones de movilidad a nivel mundial. Ahora, en el marco del Plan Maestro de Movilidad, se introduce el Sistema Integrado de Transporte Público (SITP), el cual busca, de cierta manera, reorganizar la ciudad a través del transporte público y  eliminar “la guerra del centavo”.

Sin embargo, mucha controversia se ha creado en torno al tema, especialmente en los últimos meses, no solo en la ciudad, sino en todo el país. Esto porque la mencionada transición se llevó a cabo por el actual alcalde Gustavo Petro, quien ha estado sujeto a fuertes críticas, sin mencionar los incesantes esfuerzos de muchas personas para revocar su elección. Además, el foco de los medios de comunicación se ha concentrado principalmente en los accidentes que han tenido varios buses del SITP durante los últimos meses. En concordancia con esto, es pertinente preguntarnos ¿cómo la opinión pública ha percibido la implementación del SITP, y a su vez, cómo esta ha influido en el desarrollo del sistema?

Para conocer más sobre los resultados de este proyecto, haga click aquí!

[Este proyecto transmedia fue presentado para la asignatura de Opinión Pública e Instituciones Sociales]

24 de octubre de 2013

Pusilánime



Una vez tuve un compañero, una vez hace mucho tiempo. En un principio lo tenía él todo, lo tenía yo todo, y nada nunca faltaba. Los días eran amenos, las conversaciones interesantes, las felicidades se apilaban y las tristezas no existían. Al pasar el tiempo, el amor floreció, un amor puro e inocente. Él, con el anhelo de algo bueno, y yo, con la curiosidad de algo nuevo, nos aventuramos en una historia de dos. Cuánta alegría por aquellos días en que mi mano y la suya, ambas, ser tomadas por la otra querían.


El tiempo pasó y sin aviso previo, mi compañero temió de su propia felicidad. Al hesitar renunció a todo, sin siquiera detenerse a pensar. La lengua pudo más que su mente, y a mí solo me mandó a volar. Quiso reemplazarme, mientras yo, lejos de él, todavía esperaba hacerlo recapacitar. El momento llegó, y al verme de nuevo cambió de parecer: "¡Qué tonto, qué estúpido he sido yo al caer!". Y yo lo perdoné, pues hesitar cualquiera lo puede hacer.


Seguimos con la historia que a tropiezos comenzó a ceder, y mi compañero luego no me supo querer. Buscaba en otros lados otra gente, otra manos para tomar y distraer su mente. ¡Qué sufrimiento el de él, tener ahí a alguien, claramente! El infierno se desató cuando terceros a la historia se metieron, y tratando de separarnos, ¿sobre qué no mintieron? Qué dolor, qué mentiras, ¡yo no quería algarabías! Entonces, mi confianza en él comenzó a flaquear, pero sin rendirme, claro, porque uno siempre se debe esforzar. 


Un año transcurrió desde que lo había conocido, y Año Nuevo se pasó como si yo no hubiera existido. Volvió a buscar a con quién había tratado de reemplazarme, pero claro que no, yo no iba a dejarme. Me mintió en la cara como si no hubiera mañana, pero la mentira le salió bien cara. Cansada, decidí dejarlo ir, y para no derrumbarme, irme yo a divertir. Al arrepentirse, una vez más, decidió cambiar por mí, y yo saqué fuercitas para creerle y le dije que sí.


Para mi sorpresa, el cambio, aunque tropezado, fue bastante rápido, y él en sí mismo se volvió de nuevo cálido. Qué felicidad, pensé que nunca acabaría, y mi futuro con él siempre esperanza tendría. Mi compañero entonces planeó nuestras vidas, y yo extasiada dije "esto sí que es vida". Pero como todo lo bueno, tampoco aquello duró, y después de un tiempo el infierno volvió. Las peleas, cada vez más fuertes, llegaron al punto de no faltar sino que nos diéramos juete. Luego él perdió por mí el respeto, y dije solo "yo no me aguanto esto". Al decir aquello decidió terminar, y aunque volvimos a intentar, no volvió a funcionar. 


Lo que quisiera desear es que él, mi primer amor, no se vaya a arrepentir, como hizo ya tantas veces, que su corazón no vuelva a desistir. Sin embargo, tan bondadosa aún no me permito ser, pues sé que un error cometió antes y que ahora volvió a cometer. No valoró mis esfuerzos, ni mi amor por lo que sé, y pensaba que amigos podríamos de la nada volver a ser. La amistad, como la confianza, se deben ganar, pero si no hace nada, pues nada se le va a regalar. 


Amor, desafortunadamente, todavía tengo mucho para dar, pero al despreciarme él tanto, ya no me quiero equivocar. Me obligó a pasar la página sin siquiera yo querer y, al ver que me rehusaba, venganza comenzó a apetecer. Deshizo en un día lo que en aquél buen tiempo había logrado, y con eso solo me facilitó el trabajo: como una vez lo convencí de volver, ahora me convenció él de lejos querer correr. 


Yo sigo aquí añorando aquél inicio de la historia, y aquél breve intermedio en el que solo paz se respiraba, pero no sé qué espera él, o si abandonarme solo deseaba... En fin, el futuro brillante que una vez pintó, se deshizo ante mis ojos porque ya no lo intentó. "Pusilánime" decidí entonces llamarlo, por ser el hombre que lo quiso todo, pero al primer problema siempre el intentar cesó. 

30 de septiembre de 2013

Lo sabes, lo sé, vecinos hay que escoger


Fue despreciable cuando se llevó a mi amigo, tan cruel. Lo enloqueció hasta que por fin un día, mientras hablaba con él, se arrodilló frente a mí, tomó en sus manos el extraño instrumento lanza llamas, y como haciendo una oración, decidió prenderle fuego a su cara, no sin antes despedirse y predicarme unas dulces palabras sobre la amistad. La llama estaba tan cerca que, en vez de achicharrar su cara, como imaginé que pasaría, fue desintegrándola por partes, mientras me observaba a través de las flamas.

Al esgrimirme una última sonrisa, su mandíbula se le desprendió, y desapareció en el aire hecha polvo, antes de que pudiera tocar el piso. Luego fue el turno de su nariz, que esta vez no se desprendió, sino que se le redujo a ceniza en el mismo lugar. Finalmente, sus ojos, aquellos cálidos y hermosos ojos que me habían observado desde hacía tantos años, se fueron, las llamas también los consumieron, pero nunca dejaron de verme fijamente. No parpadearon, no hicieron seña de dolor alguno, o miedo, o arrepentimiento.

Mi amigo se había ido para no volver. Nunca volvería a verlo, al menos su cara, pues el resto de su cuerpo yacía en el piso, inerte, intacto. Al consumir la totalidad de su cabeza, el cuerpo perdió balance y simplemente se desplomó hacia adelante.

Fue culpa suya, estoy segura, no es humano. Lo enloqueció con sus extraños poderes sobre naturales, con sus persistentes y penetrantes miradas. Algo hizo -o deshizo- en la cabeza de mi amigo. ¿Cómo pude dejar que esto sucediera?


Todo comenzó al conocer, en el ascensor del edificio donde vivía, el nuevo vecino del piso de arriba. Acababa de mudarse, traía pocas cosas, de hecho muy pocas, pero una vez dijo que pensaba que los objetos materiales no lo habían hecho, ni podrían hacerlo jamás realmente feliz, así que no le di mucha importancia. El pequeño romance comenzó un par de meses después de su mudanza. Era cariñoso, inteligente, conversador… En fin, para ese entonces cada vez que salía contaba las horas para regresar al edificio.

Siempre nos reuníamos en mi casa, y veíamos incontables películas. Nunca íbamos a su apartamento, y yo simplemente supuse que se avergonzaba un poco por no tener muebles en él. En uno de aquellos días, recuerdo que me dijo que yo tenía una luz interior que brillaba a kilómetros, y que era pura y hermosa. No supe qué contestar, de hecho, no sabía ni siquiera de qué hablaba. Supuse que se trataba de un simple cumplido, así que se lo agradecí y no ahondé en el tema.

Era una persona particular y misteriosa, pero nunca sospeché nada hasta el día del ladrón. La vecina del piso de abajo, una señora bien entrada en sus 60 años, me llamó aquél día bastante agitada y asustada. Me dijo que estaba en problemas, y susurró que la ayudara cuanto antes con voz temblorosa. Apenas colgué, sin saber siquiera de qué se trataba todo aquello, corrí por un saco y unos zapatos, pero ni siquiera tuve que abrir la puerta del apartamento... El problema llegó a mí, trepándose del balcón del apartamento de mi vecina al mío.

Todo sucedió demasiado rápido, pero recuerdo haberle preguntado quién era, antes de que me pegara un fuerte puñetazo en la mejilla. Caí al piso y me llevé rápidamente la mano a la ardiente mejilla, esta vez no dije nada. El ladrón, que en realidad no le interesaba ninguna de mis pertenencias, solo quería verme sufrir. Me sentó bruscamente en una silla y comenzó a andar de un lado a otro, como pensando. 

Pasados unos minutos se detuvo, se volvió a mirarme, y declamó el discurso más sádico y violento que una persona haya podido decir jamás. No solo revelaba qué tipo de cosas me haría durante mi inevitable violación, sino que también divagaba sobre su falta de dinero y balbuceó algo que sonó a que esperaba que tuviera órganos saludables. Todo esto sin mencionar la inminente muerte de cualquiera que tratara de detenerlo.

Permanecí inmóvil, sin saber qué hacer, o decir, o pensar… era el fin. Cansado de su largo discurso, el ladrón se sentó en una silla del comedor, como para retomar fuerzas. Al ver una pequeña caja de pastillas, me preguntó si estaba enferma. Incrédula, le dije que no entendía. Y este repitió esta vez su pregunta con ira. En realidad no lo estaba, eran pastillas para mi recurrente alergia rinítica... pero él no lo sabía. Sin pensarlo dos veces, respondí tan naturalmente como pude que sí, y describí la enfermedad más grotesca, sin saber si realmente existía -o si me creería-.

Al terminar mi descripción, el ladrón masculló unas cuantas palabras, y su siguiente acción no fue sino treparse por mi balcón al de arriba. ¡Mi vecino! Tenía que avisarle, pero recordé que no había comprado teléfono -o siquiera algún objeto eléctrico-. Mientras que hacía esta conclusión inútil del teléfono, el ladrón gritó fuertemente. Pensé inmediatamente que había resbalado del balcón, así me devolví apresurada. No, sus pies colgaban arriba, pero no se sostenía él mismo, ¡alguien lo arrastraba hacia el piso de arriba! Y no se me ocurrió una idea mejor que la de treparme también por allí y asomarme un poco para ver de qué iba todo esto. 

Jamás olvidaré aquella imagen. El ladrón, tendido en el piso del balcón del piso de arriba, y mi vecino encima de él, desnudo, arrancándole enérgicamente con sus dientes enormes pedazos de piel. La perturbante escena se tornó sangrienta, y los alaridos del ladrón terminaron, pero yo ya no podía apartar mis ojos, estaba paralizada. 

Cuando el cuerpo del susodicho quedó totalmente despellejado, una operación, que parecía divertir más a mi vecino, comenzó. Tomó un hacha de cocina y comenzó a cercenarle las extremidades en varios trozos. El proceso me pareció que tomó toda una eternidad, pero probablemente no pasaron ni 20 minutos. 

Al terminar, mi vecino se levantó del piso desnudo y bañado en sangre, y con parsimonia se estiró y bostezó un poco, hasta que se percató de mi presencia. Su expresión serena se transformó en preocupación total, y me dijo: “lo siento, soy yo, son el tipo de cosas que hacemos. Pero amo tu luz, evita que lo haga tan seguido como de costumbre”.

Debí desmayarme después de haber escuchado aquello.

23 de septiembre de 2013

El por qué es la cuestión



Fue un periodo hermoso, no cabe duda, una época de paz y de pura felicidad. Fue como tomarse de la mano por primera vez, aunque por unos largos meses. Fue como el primer beso, tramposo sentimiento que se traduce con el aleteo de aquellas mariposas que habitan en el estómago, que sólo despiertan ante la emoción de un nuevo amor. Fue así, como un cuento de hadas.

Peleas sin razón, claro que las hubo, pero he sido feliz, mucho. Si, he sido infinitamente feliz pero, una vez más, cual pecador con remordimiento, me he saboteado a mí misma. Trato de dejar los hirientes fantasmas de nuestra relación de lado, pero continúan resistiéndose a volver a sus tumbas. 

Hoy no sé cómo andamos. Trato desesperadamente de no imaginar cada vez lo peor. Algunas veces lo logro, algunas no tanto y, como siempre, me van carcomiendo lentamente la cabeza, la felicidad, todo. Las peleas sin razón han aumentado en los pasados días, después de unos maravillosos meses de amor. ¿Por qué? Si, claro que las responsabilidades han aumentado, pero como me conozco, te conozco, y no aumentan las 168 horas de la semana.

Reclamo lo que es mío, tú. Reclamo lo que merezco, amor... Y un poco más que eso.

Hay quienes dicen que las mujeres sentimos cuando algo no anda bien. Y no sabes cuánto espero que al menos yo tenga una especie de disfunción femenina en ese sentido. 

Me dijiste que me necesitas. Ayer, porfin me di cuenta de que también te necesito. No te necesito para vivir, claro que no, pero te necesito como alguien necesita el sol, o la luz, o... Bueno, tu me entiendes. Solo sé que te necesito. 

Me he equivcado tantas veces, no soy mejor que tu en muchos sentidos. Pero sé lo que quiero, y te quiero a ti conmigo,y si soy lo bastante afortunada, que sea para el resto de la vida. 

Así que vuelve, que no te de miedo arriesgarte una vez más, muchas veces más. Un amor tan grande nunca es fácil manejarlo, pero aquí sigo, y aquí sigues. Te espero, como siempre.