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12 de octubre de 2015

A veces



A veces te extraño. Quisiera decir que no lo hago, pero lo hago. No es fácil despedirse del primer amor, pero es aún más difícil despedirse del mejor amigo.

A veces tomo fotos pensando en ti, en que te gustarían. A veces comparto cosas, pensando en que te interesarán, en que las leerás. Todo esto sin la certeza de que lo harás. A veces sueño contigo, en que el tiempo no ha pasado, en que nada ha pasado, pero luego despierto. A veces me duele recordar. A veces añoro recordar. A veces amo recordar. A veces te siento a mi lado. A veces te siento más distante de lo que ya estás. A veces me permito preguntar por ti. A veces saco conjeturas de lo poco que me dejas saber, luego recuerdo que ya no debería hacerlo y me obligo a privarme de toda señal tuya. A veces siento que piensas en mi. A veces creo que piensas en otras. A veces quisiera volver. A veces quisiera borrarte. A veces me permito soñar en lo que habría sido si... A veces me alivia haber terminado con todo.

A veces me siento rara haciendo ciertas cosas sin ti. A veces quisiera contarte cosas. A veces me duele escribir todo esto que ya no tiene sentido. A veces preferiría no saber nada. A veces quisiera que no fueras así. A veces quisiera que no hubieras sido así. A veces quisiera que yo no hubiera sido así. A veces me pregunto si con mi 'nuevo yo' habría funcionado. A veces pienso que no. A veces pienso que sí. A veces simplemente pienso que si no te quedaste para averiguarlo es porque no importa realmente. A veces quisiera que me conocieras de nuevo. A veces quisiera conocerte de nuevo. A veces recuerdo las pesadillas que tenía. A veces quisiera hablarte de nuevo. A veces recuerdo la inutilidad de hacerlo. A veces es como si nunca te hubieras ido. A veces pienso que eres un idiota. A veces lo confirmo. A veces quisiera abrazarte. A veces te deseo. A veces recuerdo a tu familia. A veces me alivia no tener que volver a tu casa. A veces me da ganas de viajar contigo. A veces recuerdo que te daba pereza, o pena, o algo. A veces te recuerdo lindo. A veces te recuerdo feo.

A veces amo tener la libertad que tengo ahora. A veces quisiera ver películas contigo. A veces recuerdo lo celosa que era. A veces recuerdo lo celoso que eras. A veces pienso que fue mi culpa. A veces confirmo que no lo fue. A veces pienso que fue tu culpa. A veces confirmo que no lo fue. A veces hablo mal de ti con mis amigos. A veces te defiendo. A veces me da rabia que te metas con mis amigos. A veces pienso que realmente no son mis amigos ahora. A veces recuerdo lo solitario que eras. A veces recuerdo lo mucho que te conocía. A veces pido jugo de maracuyá. A veces evito comer burritos. A veces recuerdo lo deliciosos que son. A veces quisiera comentar las series que veo contigo. A veces me da rabia saber que me espías. A veces me da felicidad. A veces no me importa. A veces te veo por ahí. A veces no. A veces te miro a los ojos al pasar. A veces te ignoro con inmenso gusto. A veces me río sola pensando en las peleas tan idiotas que teníamos. A veces me río sola pensando en tu cara. A veces te quiero jalar el pelo. A veces me pregunto si piensas en mi. A veces te olvido. A veces te recuerdo. A veces, a veces, a veces, a veces...

Pero de 'a veces' no se vive.

13 de septiembre de 2015

Catarsis



Hoy decidí publicar los borradores de algunos escritos. Aquellos "intentos" de entradas que nunca culminaron por falta de valor, por orgullo, por dolor. Fueron escritos en días, en tiempos, en circunstancias y emociones distintas. Algunos son más fuertes que otros. Hoy decido hacerlos públicos, decido al fin dejar de apretar 'pausa', decido dejarte ir. Aún dueles, pero ahora te recuerdo con amor y agradezco todo lo vivido, todo lo aprendido. Ha pasado mucho tiempo ya, ambos lo sabemos, pero a la gente igual le encanta comentar... No hace falta decir más, me hace feliz que seas feliz.



05/11/2013
Confianza

Son esas, tus relaciones amorosas de antes, las que atormentan mi presente, las que evitan que progrese. Son los fantasmas de nuestra relación, que por poco se materializan cuando los buscaste, no solo una, sino varias veces, y no por despecho, ni por equivocación, fue totalmente consciente. ¿Qué pensabas en ese entonces? Luché tan duro y por tanto tiempo por ser la protagonista de nuestra historia de amor, porque sentí que no me veías… No lo hacías. Veías a través de mí, aunque gritara tu nombre, aunque agitara mis manos, no lo hacías. Era una agradable sombra a tu lado, acogiéndote mientras tratabas de no permanecer solo, como siempre.

Cuando al fin me viste era ya muy tarde. Un año había transcurrido ya, y mi frágil confianza se había al fin quebrado en mil trocitos. Pero como embrujada por ti, aun así recogí cada uno de los pedacitos sin saber, claro, qué sería de ellos, o cómo podría volver a juntarlos, pero con la esperanza de que era posible hacerlo. Estaban ahí, apilados en un rincón de mi corazón, hasta que decidiste verme realmente, hasta que me detallaste minuciosamente, hasta que, de tanto observarme, te aprendiste mi todo de memoria. ¡Cuánta felicidad! Aunque malherida, mi objetivo se había finalmente completado. Me podías ver, a mí y solo a mí.

Sin embargo, los pedacitos seguían arrinconados en mi corazón, y al darte cuenta, corriste a comprar pegamento y tratar de pegarlos unos con otros apresuradamente. Ocho meses bastaron para pegar muchos de ellos, pero no te diste cuenta que era como un rompecabezas, y muchas de las “fichas” que ya habías pegado, simplemente no casaban. Estabas con afán, querías terminar de juntarlo, de pegarlo todo en un instante, y yo dejé que lo hicieras, porque siempre he apoyado con firmeza cualquier loca decisión que hayas tomado.

Cuando te cansaste de seguir pegando, quisiste que simplemente me apoyara en el pedazo que ya habías pegado que, además como no lo habías hecho de la forma que era, había quedado con huequitos entre pieza y pieza… El resto de los pedacitos de confianza quedaron ahí donde los pusiste para no verlos más y sentir que habías terminado de pegarlos todos. Se quedaron ahí donde escondiste también los temas de los que yo quisiera hablar, para comprender en qué fallé y por qué fallaste tú.

Y permanecen allí, esperando a que decidas al fin tomarte otro tiempo para terminar de pegar los pedacitos de confianza que quedan, y acabar con una buena capa de conversación honesta de los temas que te molestan. Esto para que ni los huequitos entre pieza y pieza se sientan, y para que quede como nueva esa capa de confianza que tanto le hace falta a mi corazón. 



06/12/2014
Pasar una página

Por aquél entonces Elisa pensaba que viviría para siempre así, entre nubes de corazones marchitos, entre algodones de azúcar hechos de papel periódico, entre los brazos de su amado lleno de errores y confusiones. Era feliz -la mayor parte del tiempo-. Pensaba fervientemente que un día sus problemas simplemente se esfumarían, que sus dudas se desvanecerían y su confianza en él resurgiría, como por arte de magia. No fue así. No fue así porque él no lo quiso así. El ritmo, la distancia, la espera culminó finalmente su paciencia -o eso decía él-. Desesperada, intentó retenerlo, ¿y cómo no? Lo amaba.

Sin embargo, todo se fue derrumbando a su alrededor. Decidió entonces -una vez más- olvidarlo al fin, pero él volvió. Iba y volvía a su antojo. Buscaba en otros rostros, en otras manos, en otros corazones algo que nunca había perdido -o algo que nunca había encontrado-, y al ver que no lo encontraba, regresaba a ella. Siempre regresaba.

La última vez que lo vio Elisa, sus palabras estaban llenas de promesas y ella las creyó inocentemente, sabiendo muy en el fondo que su amado nunca podría cambiar, que nunca lo había hecho, y que solo era cuestión de tiempo para que, una vez más, rompiera sus vacías promesas. Y así fue. Así fue porque así era él, incapaz de lidiar con la soledad, incapaz de lidiar con sí mismo, urgido de compañías pasajeras.

Pero no solo tuvo el descaro de negarlo, sino también de intentar ocultar las más evidentes pruebas de lo que había hecho. Pero ya era muy tarde, el daño estaba hecho y las imágenes de ello quedarían para siempre en la mente de Elisa. Sí, descarado, ahora sus acciones por fin hablaban por él, y sus palabras quedaron relegadas a esa canequita llamada "mierda". La charada había sido descubierta, y supo que no debía, no podía defenderse.

El tiempo pasó y desde entonces Elisa no tuvo más noticias de él. Entendió que el fin había verdaderamente llegado y no tuvo más opción que seguir el sabio consejo de su amado hace un par de meses: "Pasar la página". ¡Oh que si la pasó! Resurgió entre las cenizas cual fénix y salió de aquella cuevita en la que se había refugiado por tanto tiempo...

Hoy en día Elisa ha vuelto a ser quien era antes de él, ha vuelto su brillo y su color, su tenacidad se desempolvó. No ha olvidado, claro, los primeros amores -buenos o malos- nunca se olvidan, pero ha perdonado. Se pregunta aún qué habría sido de las nubes de corazones y los algodones de azúcar si su amado y ella hubieran permanecido juntos... Probablemente habrían sido devorados hace rato por gigante verde -o no-.

¿Qué será de su vida?
- Ya lo sé, que hace rato me olvidó, solo espero que esté bien, y por más que espero que se arrepienta, espero que sea feliz. Es un odio amoroso, una lágrima de felicidad, un abrazo destructivo, y así de paradójico era su amor por él.
- ¿Volverías?
- Volver a lo de antes, nunca.
- ¿Crees que las personas pueden cambiar?
- Lo dudo, pero siempre es bueno encontrarse sorpresas en el camino.




01/05/2014
Sin título

Caminando por tu casa, recordé que te había perdido.



08/10/2014
Sin título

Duele sentir que es el final. Muchas veces antes lo he sentido ya. Nada de esto fue justo. Ni tu partida, ni...



19/03/2015
Sin título

Apretó el puño, levantó la cabeza y miró hacia el frente a un punto fijo, tratando con mucho esfuerzo de no desviar ni un milímetro sus ojos, mientras cruzaba el pasillo en dirección contraria a ella. Su piel se erizó al pasarla y sintió un cosquilleo subiendo por el estómago. Estaba seguro que ella había volteado a verlo, estaba seguro que ella sentía lo mismo que él. Tuvo que parar a recobrar el aliento, y con cada bocanada de aire recordó su cabello rizado y abundante que se meneaba siempre un poco con cada paso que daba, desprendiendo un sutil aroma a frutas, a rosas, a dulce, quién sabe. Tenía que salir de allí.



01/05/2015
Falta algo

"Bendito sea el caos, porque es síntoma de libertad."
- Enrique Tierno Galván


Pensé, en algún momento de mi vida, hacer una suerte de receta para una relación perfecta, un ABC de las relaciones, incluyendo una a distancia. Pensé también en exhibir amores a diestra y siniestra con fotos e infinitos textos llenos de emoticones amorosos que lo acompañaran. Pensé en aconsejar a mis amistades sobre los azares del amor, sobre 'cómo ser feliz y ya' en un noviazgo. Pensé tantas cosas que ahora me apena nombrar, hacer, siquiera pensar. 

Lo más curioso del cuento, es que pensé todo aquello cuando en mi propia relación no había problema alguno, no existían, y si existía, no lo veía. Pensé todo aquello en el momento en que comenzaba a descubrir el amor por primera vez, en que me dejaba embelesar sin preocupación alguna por cualquier gesto detallista, por cualquier cariñoso susurro al oído, por cualquier promesa de amor. Resulta que las cosas nunca son como lo parecen.

Un corazón roto es lo más aterrador y desagradable que he experimentado jamás. Dicen que de desamor nadie muere, pero casos se han visto. Dicen que el tiempo lo cura todo, pero a mi no me alcanzó a curar... ¿De cuánto tiempo es ese 'tiempo que lo cura todo'? De lo que estoy segura es que no hay mejor lección que la que deja una tusa: no prometa nada mientras esté entusado, el tiro le puede salir por la culata. 'Nunca lo voy a perdonar', 'nunca vamos a volver', y mi favorita, 'lo odio', son algunos de los ejemplos de babosadas que se dicen antes de un regreso apocalíptico a los brazos del susodicho o la susodicha.

Pero existen casos, les juro, en donde sin importar el tiempo en que pase, no se 'supera' a alguien, queda una espinita. Escuchar su nombre, ver sus fotos, recordar momentos o situaciones o lugares desencadenan la más trágicas de las sensaciones, una patética mezcla entre amor y odio, felicidad y tristeza, optimismo y pesimismo... Sinónimos y antónimos se unen formando un caos tal que hacen falta un par de minutos para recobrar la cordura, la dignidad, todo.

Como buena partidaria del amor que soy, 'sentir es vivir', pero ¡ay qué si duele a veces sentir!

24 de octubre de 2013

Pusilánime



Una vez tuve un compañero, una vez hace mucho tiempo. En un principio lo tenía él todo, lo tenía yo todo, y nada nunca faltaba. Los días eran amenos, las conversaciones interesantes, las felicidades se apilaban y las tristezas no existían. Al pasar el tiempo, el amor floreció, un amor puro e inocente. Él, con el anhelo de algo bueno, y yo, con la curiosidad de algo nuevo, nos aventuramos en una historia de dos. Cuánta alegría por aquellos días en que mi mano y la suya, ambas, ser tomadas por la otra querían.


El tiempo pasó y sin aviso previo, mi compañero temió de su propia felicidad. Al hesitar renunció a todo, sin siquiera detenerse a pensar. La lengua pudo más que su mente, y a mí solo me mandó a volar. Quiso reemplazarme, mientras yo, lejos de él, todavía esperaba hacerlo recapacitar. El momento llegó, y al verme de nuevo cambió de parecer: "¡Qué tonto, qué estúpido he sido yo al caer!". Y yo lo perdoné, pues hesitar cualquiera lo puede hacer.


Seguimos con la historia que a tropiezos comenzó a ceder, y mi compañero luego no me supo querer. Buscaba en otros lados otra gente, otra manos para tomar y distraer su mente. ¡Qué sufrimiento el de él, tener ahí a alguien, claramente! El infierno se desató cuando terceros a la historia se metieron, y tratando de separarnos, ¿sobre qué no mintieron? Qué dolor, qué mentiras, ¡yo no quería algarabías! Entonces, mi confianza en él comenzó a flaquear, pero sin rendirme, claro, porque uno siempre se debe esforzar. 


Un año transcurrió desde que lo había conocido, y Año Nuevo se pasó como si yo no hubiera existido. Volvió a buscar a con quién había tratado de reemplazarme, pero claro que no, yo no iba a dejarme. Me mintió en la cara como si no hubiera mañana, pero la mentira le salió bien cara. Cansada, decidí dejarlo ir, y para no derrumbarme, irme yo a divertir. Al arrepentirse, una vez más, decidió cambiar por mí, y yo saqué fuercitas para creerle y le dije que sí.


Para mi sorpresa, el cambio, aunque tropezado, fue bastante rápido, y él en sí mismo se volvió de nuevo cálido. Qué felicidad, pensé que nunca acabaría, y mi futuro con él siempre esperanza tendría. Mi compañero entonces planeó nuestras vidas, y yo extasiada dije "esto sí que es vida". Pero como todo lo bueno, tampoco aquello duró, y después de un tiempo el infierno volvió. Las peleas, cada vez más fuertes, llegaron al punto de no faltar sino que nos diéramos juete. Luego él perdió por mí el respeto, y dije solo "yo no me aguanto esto". Al decir aquello decidió terminar, y aunque volvimos a intentar, no volvió a funcionar. 


Lo que quisiera desear es que él, mi primer amor, no se vaya a arrepentir, como hizo ya tantas veces, que su corazón no vuelva a desistir. Sin embargo, tan bondadosa aún no me permito ser, pues sé que un error cometió antes y que ahora volvió a cometer. No valoró mis esfuerzos, ni mi amor por lo que sé, y pensaba que amigos podríamos de la nada volver a ser. La amistad, como la confianza, se deben ganar, pero si no hace nada, pues nada se le va a regalar. 


Amor, desafortunadamente, todavía tengo mucho para dar, pero al despreciarme él tanto, ya no me quiero equivocar. Me obligó a pasar la página sin siquiera yo querer y, al ver que me rehusaba, venganza comenzó a apetecer. Deshizo en un día lo que en aquél buen tiempo había logrado, y con eso solo me facilitó el trabajo: como una vez lo convencí de volver, ahora me convenció él de lejos querer correr. 


Yo sigo aquí añorando aquél inicio de la historia, y aquél breve intermedio en el que solo paz se respiraba, pero no sé qué espera él, o si abandonarme solo deseaba... En fin, el futuro brillante que una vez pintó, se deshizo ante mis ojos porque ya no lo intentó. "Pusilánime" decidí entonces llamarlo, por ser el hombre que lo quiso todo, pero al primer problema siempre el intentar cesó. 

23 de septiembre de 2013

El por qué es la cuestión



Fue un periodo hermoso, no cabe duda, una época de paz y de pura felicidad. Fue como tomarse de la mano por primera vez, aunque por unos largos meses. Fue como el primer beso, tramposo sentimiento que se traduce con el aleteo de aquellas mariposas que habitan en el estómago, que sólo despiertan ante la emoción de un nuevo amor. Fue así, como un cuento de hadas.

Peleas sin razón, claro que las hubo, pero he sido feliz, mucho. Si, he sido infinitamente feliz pero, una vez más, cual pecador con remordimiento, me he saboteado a mí misma. Trato de dejar los hirientes fantasmas de nuestra relación de lado, pero continúan resistiéndose a volver a sus tumbas. 

Hoy no sé cómo andamos. Trato desesperadamente de no imaginar cada vez lo peor. Algunas veces lo logro, algunas no tanto y, como siempre, me van carcomiendo lentamente la cabeza, la felicidad, todo. Las peleas sin razón han aumentado en los pasados días, después de unos maravillosos meses de amor. ¿Por qué? Si, claro que las responsabilidades han aumentado, pero como me conozco, te conozco, y no aumentan las 168 horas de la semana.

Reclamo lo que es mío, tú. Reclamo lo que merezco, amor... Y un poco más que eso.

Hay quienes dicen que las mujeres sentimos cuando algo no anda bien. Y no sabes cuánto espero que al menos yo tenga una especie de disfunción femenina en ese sentido. 

Me dijiste que me necesitas. Ayer, porfin me di cuenta de que también te necesito. No te necesito para vivir, claro que no, pero te necesito como alguien necesita el sol, o la luz, o... Bueno, tu me entiendes. Solo sé que te necesito. 

Me he equivcado tantas veces, no soy mejor que tu en muchos sentidos. Pero sé lo que quiero, y te quiero a ti conmigo,y si soy lo bastante afortunada, que sea para el resto de la vida. 

Así que vuelve, que no te de miedo arriesgarte una vez más, muchas veces más. Un amor tan grande nunca es fácil manejarlo, pero aquí sigo, y aquí sigues. Te espero, como siempre.

18 de noviembre de 2012

Carta a un compañero de vuelo



Era el día decisivo, el día en que debía aparentar, que quería engañar, que necesitaba triunfar sobre él...

Pero la luna transitoria y traicionera me dejó a merced de sus abrazos, de sus caricias, de sus besos. Yo, sin poder alguno para defenderme, para confrontarlo, me dejé llevar por el olor de su piel, por el viejo olor a conocido. Acogedor, me tendió sus brazos y me envolví en ellos. No pude luchar, quise hacerlo, pero no pude. ¡Qué seguridad, cuánta confianza entre su corazón y el mío! 

A pesar de mi inmediata y definitiva felicidad, añoro el pasado. Añoro mi aparente indiferencia con él, añoro su evidente enamoramiento hacia mi... Su error nos cambió, y así como nada pude hacer en aquél momento para evitarlo, nada puedo hacer ahora para alejarme, porque lo amo. 

"No me tienes confianza", dice, y trata de enmendarlo, pero no lo entiendo. Veo que soy yo quién se aferra a él con todo lo que tengo, con todo lo que puedo. Soy yo quién teme que se vaya, que me aleje como una vez lo hizo. Soy yo la única que quiere ser tratada, que quiere ser vista como él lo hacía antes, porque lo amo.

¿Es eso tan absurdo? 

"Mis actos definen lo que siento", me dijo un día. Qué insatisfacción pueden dar tan bellas y lógicas palabras, cuando estas se contrarían con un "te amo". Pero aquí estoy, ni las lágrimas ardientes sobre mis mejillas, ni el desgaste en cuerpo y mente me han logrado distanciar, porque soy valiente, y lo amo.

¡Oh, que si hemos cambiado! Escribo y escribo romanticonas palabras de amor, y desamor, porque ahora sé lo que son -ambas, por desgracia-. Hago públicas mis más profundas inseguridades, solo para que las leas y comprendas, porque ambos sabemos que cuando de discutir asuntos de importancia se refiere, ni el más descarado "hola" podría atreverse a asomar. 

Y así, resumiendo un pasaje de tristeza, pero de muchas alegrías con un compañero de vuelo...
Un día no muy lejano, quise volar muy alto, muy rápido con él, ahora vuelo con un ala rota zigzagando hacia arriba y abajo, pero siempre hacia al frente. El ala ya no duele casi, y poco a poco se va curando, pero aún queda la duda si hacia arriba podemos, y quiere él, ir volando... ¿?

14 de mayo de 2012

¿Y mi tesoro?



Siempre pensé que la firmeza era uno de los rasgos más distintivos de mi carácter. Con él a mi lado, me doy cuenta que no soy más que temblorosa gelatina cuando le hablo, cuando lo veo, cuando lo pienso. Amor era tan solo una palabra desconocida para mi, una palabra extraña, sin olor, sin sabor, nada. Y sin quererlo, ahora no es más que un oloroso arcoíris disfrazado de palabra.

No quiero que lo sea, pero lo es. ¿Dónde están los duendes con su gran caldero lleno de monedas de oro al final del arcoíris? Quiero ya mi premio por creer en aquella engañosa palabra llamada amor.

Es un poco apresurado, este no es ningún testamento, ni mucho menos. Este es, sin embargo, un intento de queja, una carta de reclamo por pérdidas o de liberación y renuncia, o algo así. Quiero mi firmeza de vuelta, quiero mi seguridad y mi vulnerabilidad guardada de nuevo en aquél cofre bajo llave en mi pecho.

Que vuelva el aire puro, que se vaya el olor a rosas y pachulí. Que vuelvan los colores sobrios, que se vaya el fastidioso ambiente psicodélico, y el espantoso estado de trance enmarihuanado. Esto no es ningún circo.